ENSAYOS

 

LA IMPOSIBILIDAD DE (PENSAR) LA TRADUCCIÓN

BELÉN BISTUÉ

¿Por qué los que reflexionan sobre la traducción definen esta actividad como una tarea que no puede ser llevada a cabo?




La “imposibilidad radical de la traducción” es, sin lugar a dudas, una noción fundamental en el ámbito del pensamiento sobre la traducción. Es, además, una idea compartida no solamente en el campo de la teoría lingüística y de los escritos académicos, sino también de las reflexiones de los mismos traductores. Podemos inclusive ir más atrás que Eco y encontrar, en los comienzos de la Edad Moderna, algunos antecedentes de esta idea. De hecho, cuando Leonardo Bruni escribe su tratado De interpretatione recta (c. 1424–1426), nos dice que la traducción es, ante todo, una tarea esencialmente difícil (una res difficilis). Es interesante notar, eso sí, que a pesar de la dificultad extrema que le asignó a la traducción, Bruni tradujo, y tradujo muchísimo. Por ejemplo, antes de escribir De interpretatione recta, ya había traducido obras de San Basilio, Jenofonte, Platón, Plutarco, Demóstenes y Aristóteles. De hecho, en este ensayo, me gustaría detenerme un poco en el marcado desencuentro que podemos observar entre la práctica y la reflexión traductoras —entre una práctica ampliamente difundida, que ha sustentado gran parte de la cultura y de las instituciones occidentales por lo menos desde la antigüedad romana, y una teoría que sin embargo la define como una actividad dificilísima, siempre fallida y a veces hasta imposible—. Quiero proponer que, a pesar de que la imposibilidad de traducir, o por lo menos su intrínseca dificultad, nos parezca obvia, no deberíamos aceptar esta idea tan a la ligera, ya que, después de todo, como bien dice Eco, “la gente traduce”. [...]