TOPOGRAFÍAS

 

NOVELA POLICÍACA Y NOVELA NEGRA

JAVIER SÁNCHEZ ZAPATERO

La ‘negrura’ proviene de la capacidad de reflexionar sobre el origen y el papel de la violencia en el mundo contemporáneo




Nacida con afán clasificatorio, la etiqueta “género negro” se ha dotado en las últimas décadas de una confusa ambigüedad que la ha llevado a ser casi Inoperante yacía, como puede comprobar cualquier lector que, sin especial rigor crítico, analice los títulos que se inscriben bajo semejante taxonomía en los catálogos edoriales o los estantes de las librerías. Así, la categoría ha terminado por convertirse en una especie de “cajón de sastre” en el que todo parece caber, desde obras canónicas de autores clásicos del género hasta thrillers estereotipados con vocación de best sellers, pasando por todas aquellas novelas que presenten la más mínima relación con el mundo del crimen o con los ambientes policiales. La vaguedad del criterio clasificador parece provocada tanto por el interés que el público ha mostrado desde principios de la década de 2000 por las obras del género —que ha conllevado que, por motivos estrictamente promocionales, se intente relacionar con él a novelas situadas en un amplio y variado espectro temático y formal— como por la imprecisión con la que los estudios científicos —tardíamente desarrollados, como todos los acercamientos de la cultura académica hacia las narrativas populares— se han referido a ellas, ocupándose así de un corpus heterogéneo y difuso. En el ámbito español, los problemas de categorización se han visto incrementados, además de por la anómala y lenta evolución del género en la literatura nacional, por el carácter sinónimo con el que muchos emplean sintagmas como “novela policiaca”, “novela negra” o “novela criminal”, así como por la distinción que suponen estos términos respecto a los utilizados en los panoramas anglosajón —“detective/crime story”—, francés —“polar”—, italiano —“giallo”—, alemán —“krimi”— o hispanoamericano —“policial”—. [...]